
El 24 de junio se conmemoró el Día del Campesino, fecha de profunda significación jurídica, social y cultural que permitió reconocer el aporte histórico y actual de las comunidades campesinas al desarrollo económico, la seguridad alimentaria y la preservación de la identidad cultural del país. Desde una perspectiva constitucional, las comunidades campesinas son sujetos colectivos de especial protección, titulares de derechos reconocidos expresamente por el ordenamiento jurídico, en atención a su rol en la conservación de los recursos naturales y en la organización social del territorio rural.
En el ámbito del derecho constitucional y agrario, esta conmemoración reafirmó el reconocimiento de las comunidades campesinas como personas jurídicas con existencia legal, autonomía organizativa y derechos sobre sus tierras comunales, las cuales gozan de protección especial por parte del Estado. El derecho a la propiedad comunal, al uso y disfrute de la tierra y a la participación en las decisiones que afectan su territorio constituye un pilar fundamental para garantizar la subsistencia, la identidad y el desarrollo integral de las comunidades campesinas.
Desde la perspectiva del derecho administrativo y de las políticas públicas, el Día del Campesino permitió destacar la obligación del Estado de diseñar e implementar políticas agrarias orientadas a promover el desarrollo rural sostenible, mejorar las condiciones de vida del campesinado y reducir las brechas de desigualdad. El acceso a servicios básicos, asistencia técnica, financiamiento, infraestructura productiva y mercados justos constituye una exigencia jurídica derivada de los principios de igualdad material y de justicia social.
En el ámbito del derecho ambiental y de los recursos naturales, la labor del campesino adquiere especial relevancia en la gestión sostenible de la tierra, el agua y la biodiversidad. Las prácticas agrícolas tradicionales y el conocimiento ancestral contribuyen a la conservación de los ecosistemas y al uso responsable de los recursos naturales, lo que impone al Estado el deber de reconocer, proteger y promover estas prácticas, en coherencia con los principios de sostenibilidad y prevención ambiental.
Asimismo, desde una perspectiva de derechos humanos, esta conmemoración permitió visibilizar la situación de vulnerabilidad que enfrentan muchos campesinos, particularmente frente a conflictos por la tierra, actividades extractivas y fenómenos climáticos adversos. El Estado tiene la obligación de garantizar el acceso efectivo a la justicia, la protección frente a actos de violencia o despojo y la participación de las comunidades campesinas en los procesos de toma de decisiones que afecten sus derechos e intereses colectivos.
En consecuencia, el Día del Campesino constituyó una oportunidad para reafirmar que el reconocimiento y la protección de los derechos de las comunidades campesinas no es solo un acto simbólico, sino un mandato jurídico y constitucional. La valorización de su aporte al desarrollo nacional, la seguridad alimentaria y la conservación del patrimonio cultural y natural resulta indispensable para la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y respetuosa de los principios del Estado de derecho y del desarrollo sostenible.
